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La abuela Silvina (5): El libro

Un libro tiene cierto toque mágico y misterioso que a muchos nos engancha. Es un objeto capaz de transportarnos a lugares que jamás podremos ver, conocer personajes con los que nos identificaremos, que amaremos o que odiaremos; puede contar mil historias, muchas de las cuales no llegaríamos a conocer nunca. Todo ello es capaz de decirlo en silencio, cerrado, esperando en lo alto de la estantería. La literatura nos da el poder de vivir experiencias y hacerlas nuestras, por lo que nos ayuda a prender. Con el cine no ocurre tanto eso, porque pienso yo, nuestro cerebro trabaja menos. No debe de rellenar los huecos de información con nuestras propias vivencias.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el capítulo que os traigo hoy? Bueno, un libro en esta historia tiene mucho que contar y Claudia tiene mucho que aprender.

Si no habéis leído el capítulo anterior podéis leerlo aquí. Si queréis empezar desde el principio de la historia pinchad aquí.

Espero que lo disfrutéis. Un abrazo.


¿Qué tal con tu cita? — me dijo Ruth nada más llegar a casa. Estaba de pie en la cocina comiendo helado de naranja, mientras Manu limpiaba las sartenes que había estado usando para preparar la cena. Era su famoso pollo teriyaki con verduras a la plancha.

Espera y ahora te cuento, que voy a dejar las cosas —le dije. Sigue leyendo La abuela Silvina (5): El libro

La abuela Silvina (4): Un encuentro mágico

Este capítulo es muy interesante porque despeja muchas dudas sobre la historia y su mundo.

Si no habéis leído el capítulo anterior podéis leerlo aquí. Si queréis empezar desde el principio de la historia pinchad aquí.

Espero que lo disfrutéis mucho.

Un abrazo.


Gracias a que “La matanza de Texas” acabó tarde, me quedé dormida y tuve que preparar todo corriendo. Por suerte fui previsora y me preparé toda la ropa antes de acostarme, así que me vestí en la mitad de tiempo. Cogí rápidamente a Heliodoro de su jaula y salimos los dos a la calle. El frío húmedo se metía por todos los recovecos de mi cuerpo. El pobre Heli se hinchó como una pequeña pelota verde y amarilla. Me puse la capucha y lo metí dentro para que estuviese más calentito. Al poco vimos que un Volkwagen Golf rojo se paraba enfrente de nosotros. El conductor, un hombre joven, iba acompañado del que parecía su padre.

— Debes de ser Claudia. Por fin nos conocemos. ¡Soy Guido! — Lo saludé con dos besos —. Este es mi hijo, Máximo o Max, como quieras llamarlo.

— Hola — me dijo.

— Venga pasad, que os vais a congelar. Sigue leyendo La abuela Silvina (4): Un encuentro mágico

La abuela Silvina (3): Decidiendo qué hacer

Esta semana se me ha hecho tardísimo para actualizar y se me va a juntar con lo que tenía planeado hacer para la próxima semana :(. Normalmente me gusta plantear las cosas hasta el sábado y escribir el domingo para el martes revisarlo y publicar el miércoles. Si quiero que vaya ilustrado me debo de poner antes. Sin embargo, he aprovechado bien el tiempo. He estado planteando más cosas en la historia de Claudia, porque sino no sabía por dónde seguir. Creo que ahora la historia será más interesante. Poco a poco abandonamos el planteamiento y vamos entrando en el universo mágico de la historia. Además, si ya iba justa de tiempo para escribir, para ilustrar no te digo. Así que le he cogido amablemente una fotografía a El Lugar.

Si no habéis leído las anteriores partes de la historia, os las dejo aquí:

La abuela Silvina

Conociendo a Guido

Espero que os guste. ¡Abrazos!


El día siguiente fue como de costumbre. Me levanté a las seis para ir a la lechería, mi último trabajo aceptable. Me encargaba de que la máquina que rellena los brick de leche lo hiciera bien y además colocaba en palés los brick llenos. Tuve suerte de conseguir un trabajo ahí porque era de lo más relajado que había hecho hasta ese momento y cobraba un buen sueldo. Antes de la fábrica, estuve trabajando de camarera, de limpiadora de casas, de pizzera y de teleoperadora, y no precisamente en ese orden. Todos eran una basura, la verdad, pero me daba para pagarme una habitación. Sigue leyendo La abuela Silvina (3): Decidiendo qué hacer

La abuela Silvina (2): Conociendo a Guido

Como ya comenté, la historia de Claudia seguiría. Me parece una historia interesante, pero creo que no será muy larga al final… No sé, ya se irá viendo por el camino. Los que no hayáis podido leer la primera parte os dejo el enlace aquí: La abuela Silvina

Otra novedad de última hora es que me ha nominado a los Premios Liebster Donovan Rocester, un blogger con mucha personalidad que escribe cuentos, los cuales recomiendo leer. Así que en esta semana tocará entrada extra sobre dichos premios.

Comentad qué os parece: lo bueno, lo malo y lo regular. Gracias por seguirme y espero que lo disfrutéis 😀


Transcurrieron unos días después de que Heli se escapase hasta la buhardilla. Lo cierto es que estaba muy desanimado. Apenas hablaba y se quedaba en un rincón traspuesto casi todo el tiempo. Me llegué a preocupar de veras por el pajarito, e incluso lo llevé al veterinario por si se había puesto malo. Quizá no fue buena idea, porque nada más destapar la jaula en el local se puso a chillar “médico malo, médico malo” como un poseído. Al intentarlo sacar de la jaula me picó, se agarró a los barrotes desesperado cuando lo fuimos a coger con guantes, pero se soltó y luego se escondió en el cacharro de la comida y tiró todo el cereal al suelo. A pesar de ser un revoltoso, el veterinario pudo mirarlo y me dijo que no le encontraba nada. El diagnóstico fue “sano, sanote” y Heliodoro lo repitió durante todo el camino de vuelta a casa. Sigue leyendo La abuela Silvina (2): Conociendo a Guido

La abuela Silvina

¡Hola y bienvenidos a mi blog! En esta primera entrada os presento este texto de género fantástico, o al menos lo podríamos considerar como tal. Creo que es bastante ameno y en un futuro cercano me gustaría seguir escribiendo la historia de Claudia y Heliodoro. También quería comentar que mi intención es poder ilustrar las historias que vaya poniendo, pero esta vez, la tendré que poner sin dibujo porque estoy con otro ahora mismo. Espero que al menos lo pueda ilustrar en esta semana. Sin más introducción, os dejo con la historia. ¡Un abrazo!


El día en que mi abuela murió por un momento el tiempo se detuvo. En cierto modo todos nos lo esperábamos, pero nadie estaba realmente preparado. Ese día hubo muchas lágrimas aunque a mí no me dolió tanto. Mi relación con ella se fue enfriando con el tiempo a causa de su enfermedad. Tenía alzheimer. Sigue leyendo La abuela Silvina