Antihéroe

¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Ya tenía ganas de escribir. El cambio de aires me ha abierto el apetito de la escritura y quiero compartir con vosotros mis historias. Ahora mismo he dejado mi ciudad para irme a la costa, lugar donde prefiero estar mil veces. Aunque he nacido y he vivido durante más de veinte años en la capital, no me gusta estar allí. Demasiado ruido, demasiado estrés, demasiado dinero… Es como si los hombres grises de Momo se hubiesen hecho con el control, pero no conmigo. Por eso prefiero huir hacia lugares más limpios, tranquilos y amistosos.

He de decir que he leído mucho en este tiempo. Vamos a ver, si no escribo, algo tendré que hacer 😛 Así que he aprendido mucho y sigo en ello.

La historia que os traigo esta vez trata sobre un personaje roto, que a pesar de su desgracia, consigue provocar una sonrisa a quien más lo necesita. Es un antihéroe del día a día.


Mirad niños, por allí llega Superman — la enfermera Deisy señaló la ventana. Un andamio con un cubo de agua jabonosa bajó hasta mostrar a un Superman rubio y engominado que saludó a los pequeños. — Acercaos pero sin abrir las ventanas.

Los niños cogieron sus botellas de suero y sus aparatos mientras Deisy ayudaba a Matt a sentarse en la silla de ruedas.

Para los niños era fantasía. Podían ver a su héroe favorito dos veces por semana e incluso hablar con él. Sin embargo, para el resto de adultos no era más que un hombre que limpiaba los cristales vestido de súper héroe. SuperPaul prefería llamarse a sí mismo, y lo cierto es que la primera vez que le ofrecieron el limpiar las ventanas del hospital infantil, pensó que sería igual de aburrido que los anteriores trabajos. Pero con el tiempo resultó ser más interesante de lo que podía imaginar. Era lo que daba sentido a su pequeña existencia. Lo que le motivaba a levantarse lunes y jueves sin rechistar.

El disfraz resultaba ser una especie de máscara, ya que cuando era Superman se convertía en un hombre alegre, amable y encantador. Cuando se quitaba el traje se transformaba en un Clark Kent venenoso, en una persona irascible la cual hacía comentarios que eran hoscos e hirientes como cuchillos.

Superman salvaba cada mañana al pobre Paul de sus tormentos para hacerle una persona mejor, aunque sólo fuera durante unas pocas horas. SuperPaul ayudaba con un simple traje a unos niños enfermos, indefensos y sin culpa de padecer ese tormento.

Muchas veces los pequeños le preguntaban por qué limpiaba las ventanas en vez de salvar el mundo. «Ahora no hay ningún peligro, así que he pensado en visitaros» contestaba Paul con una gran sonrisa. Sin embargo, en su interior, prefería pensar que estaba salvando el mundo porque pintaba de esperanza las ventanas del hospital.Los pequeños dejaron escapar diversos comentarios de admiración y pronto SuperPaul terminó de hacer las ventanas del piso para pasar al siguiente.

Al terminar su turno, guardó su máscara de súper héroe en una bolsa de papel, se vistió y se abrigó con una chaqueta vaquera raída en la que guardaba su caja de cigarrillos. Se cepilló el pelo para quitar la gomina, se puso sus gafas de sol y salió del edificio. Siempre lo contemplaba de arriba a abajo con ojos tristes. Con suerte, esos niños vivirían largos años felices.

El mundo es una mierda — dijo mientras golpeaba un cigarrillo contra la caja de cartón antes de llevárselo a la boca y encenderlo.

Paul, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta, siguió andando hasta perderse entre la multitud de la calle.antiheroe

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