La maldición

¡Hola! Para hoy os presento un relato breve sobre un tema muy actual. Para mí son una maldición todos los problemas derivados de nuestra situación económica actual. Es una desgracia que haya tantas personas pasando penurias: niños, abuelos, jóvenes, madres, padres, etc. Lo lamentable de la crisis económica es que afecta, en muchas ocasiones, a colectivos que ya de antes tenían problemas. Por eso, esta entrada es una reflexión sobre una situación terrible que pasa muy a menudo. Quiero mandar ánimo y coraje a todas las personas que lo están pasando mal en estos momentos, para que no desfallezcan y deseo de corazón, que todo pueda mejorar.

Un abrazo muy grande.


Dalia recogió del buzón la carta que acababa de dejar el cartero. Sabía que no era nada bueno, pero aún así no podía evitar leerla. Subió a casa y se encontró en la cocina, ya levantado, a Fran, su marido. Sin decir nada, le entregó la carta. Ella era incapaz de abrirla. Fran rompió el sobre. Ojeó rápidamente el folio que contenía. Con voz temblorosa le leyó a su mujer. Dalia se sentó y se tapó la boca con la mano. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Desde hacía seis meses no podían hacer frente a los pagos de la hipoteca. El banco les había enviado varios avisos que anunciaban el desahucio, pero siempre pensaron que todavía podían tener un poco más de tiempo, que encontrarían algo mejor.

Pero esa carta les quitó todas las esperanzas en un momento. Ambos se miraron a los ojos. Ninguno sabía qué decir. Fran se acercó a su mujer y la abrazó tiernamente mientras le daba cariñosos besos en el pelo. El sol de la mañana se colaba por la persiana a medio echar e iluminaba la habitación sombría. Las paredes de azulejo reflejaban los rayos de luz que chocaban con los muebles de madera. Esa casa, su hogar, el lugar donde habían depositado todos sus sueños estaba a punto de desaparecer. Las preguntas se acumularon en sus mentes: ¿Qué pasaría con sus hijos? ¿Y con ellos mismos? ¿Dónde iban a ir? Dalia descolgó el teléfono y marcó un número. Al tercer tono una voz femenina, ya quebrada por los años, contestó.

Dalia explicó a su madre, aguantando el llanto, que el banco les había escrito para decirles que iban a perder su casa en dos meses. Le pidió quedarse con ellos cuando ya no tuviesen su hogar. En cambio, su madre le dio una negativa. Realmente no era extraño, ya que ambas habían perdido la confianza y su relación se fue enfriando con el tiempo. Dalia desanimada colgó. Parecía que su suerte no iba a cambiar y sentía impotencia. La sucesión de desdichas era como una maldición, una broma pesada del destino. Abrazó a su marido, su amigo y apoyo en los momentos difíciles. Su olor le reconfortaba.

Tranquila Dalia, todo saldrá bien. Nos tenemos a nosotros y esta situación no durará para siempre. Nos quitan nuestra casa, pero no nuestra alma. Ahora tenemos que ser fuertes. No podemos fallar a nuestros hijos. Debemos movernos ya, para que esto no nos pueda. Te quiero, y pase lo que pase sé que podremos vivir felices. Así que vamos, pongamos nuestra vida en orden.

 

 

ilustracion_la maldicion


 

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