¡Hola! Sigo viva

Hola a todos y a todas. Sí, sigo aquí, aunque no lo parezca. De hecho, yo pensaba que me había ido como unos seis meses… Y me acabo de dar cuenta que hace prácticamente un año que no escribo nada. Me siento triste, porque le tengo mucho cariño a mi blog (pero soy una persona algo desquitada…) y me sabe mal tenerlo aquí solito y muerto. Pero en estos meses han pasado muchas cosas. Me he mudado a Francia y lo que ello implica: aprender nuevo idioma, buscar casa, buscar trabajo, tratar de hacer amigos… En fin, rehaz tu vida de nuevo con una gran sonrisa y cuatro duros en el bolsillo. Por suerte no me vine sola. Por fin pude alcanzar eso que está tan lejos de los jóvenes españoles: la independencia con mi pareja (¡bien!).

Me vine aquí en marzo y desde entonces han sido unos meses muy moviditos. Al principio llegamos a un chalecito de una planta donde compartíamos casa con otras dos personas: un chico (que era una especie de psicópata :s) y una chica muy maja que me ayudó mucho en ese tiempo. Compartir piso no es tan fácil como se puede llegar a pensar… Supongo que tienes 50% de posibilidades de que salga bien o mal. En nuestro caso salió mal. Como he mencionado antes, en chaval estaba mal de la cabeza. Además de lo típico que te puede molestar cuando compartes piso (la suciedad proveniente de las otras personas con las que convives), era una persona agresiva con la que no se podía razonar. Y llegó un punto sin retorno: el día en que le pillé abusando de nuestras cosas (robar, vamos). Por supuesto, no me callé, ya estaba harta. Pero por intentar defender aquello que era mío y poner límites, derivó a un acoso silencioso y un miedo e inseguridad que no se lo deseo a nadie. Ese día entendí como se sentían la mujeres que sufren violencia doméstica. Una situación de peligro constante, porque no sabes si te van a maltratar verbal o físicamente o a tu pareja por cualquier cosa que hagas o digas, genera tal nivel de ansiedad que no puedes vivir. Así que después de eso nos tocó buscar otra cosa. Ahora estamos bien. Nuestra casa no es la panacea pero al menos estamos tranquilos.

El idioma fue otra barrera, y a pesar de que muchas personas han sido muy amables, me he encontrado con otras que no lo eran tanto. La sociedad francesa, por lo que he podido sacar de mi experiencia, es bastante parecida a la nuestra, pues sigue habiendo la misma diferencia entre géneros, razas, clases… Pero ellos lo camuflan más. Hacen como que eso no existe, que está todo conseguido y que esas diferencias no existen. Cuando no es así. Pero son felices pensando eso.

Como digo, ahora nos encontramos bien. Pero desde que me he mudado aquí tengo el sentimiento constante de estar desubicada… No sé si os ha pasado alguna vez, de estar a gusto en un lugar pero no sentirte que tengas tu sitio ahí.

En fin, espero poder seguir con mis historias y mis sueños, aunque últimamente es un poco difícil, ya que mi trabajo en el Burguer me quita mucho tiempo. Sólo quería escribiros para deciros que estoy bien y que aquí sigo, luchando como todos 🙂

Un abrazo.

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