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Olas de libertad

Hola, queridos amigos y amigas.

Os presento el relato que escribí para el concurso Moon Magazine, que como podéis imaginar, no gané nada. Aún así, me siento muy contenta de esta historia y la quiero compartir con todos vosotros.

Últimamente no escribo mucho para Ensoñaciones, pero sí que estoy escribiendo un fanfic para el blog Doctor Disco. Ahí subo cada quince días.

Esta imagen tan bonita y veraniega es de David Shipton.

Espero que estéis bien y os deseo un año estupendo. ¡Un abrazotee!


 

— Entonces, ¿cuándo tenéis pensado volver?

— Estaremos hasta finales de julio, mamá. —Dijo Miguel Ángel.— Nosotros nos quedaremos quince días y los primos otra semana más.

— Bueno, bueno. Entonces dentro de nada os tenemos por aquí. Pensaba que ya no iba a ver a las niñas en verano.

— No se preocupe, Mayte, que aquí nadie le va a quitar a sus nietas — dijo Sole un poco molesta—. Mientras tiene los de sus otras hijas, que son igual de suyos. Llévelos al cine, al Retiro, y ya verá qué rápido se le pasa. Nosotros nos vamos ya, que hemos quedado con los tíos después de comer para el cambio y tenemos un poco de prisa.

La familia se despidió de los abuelos y bajó al coche. La casa de los padres de Miguel estaba muy cerca de la suya, sólo les separaba una manzana en el barrio castizo de Chamberí. Ahora con las inminentes vacaciones, la ciudad se sentía un poco menos congestionada, por lo que moverse en coche era un lujo.

— ¿Era necesario que le hablaras así a mi madre, Sole? —dijo Miguel Ángel mientras abría la puerta del coche.

— ¿Era necesario que ella dijese eso? Como si no las viese lo suficiente, ¡si ve a las niñas más que tú y que yo!

— Eso no es verdad, y lo sabes.

Sole se sentó en el coche de brazos cruzados y con el ceño fruncido. Sin dejar de sostener la mirada de su marido, se puso las gafas de sol y sacó el GPS del bolso para poner las coordenadas.

— Sólo espero tener un viaje tranquilo, nada más. Y desconectar de todo esto… Disfrutar los cuatro. No es tanto pedir. Pero tu madre se empeña en dar la pulla cada vez que puede.

— Lo que tú digas, Sole. Si ya sabes como es, no le sigas el juego — dijo irritado.

Miguel Ángel observó a las niñas a través del espejo retrovisor. Estaban con caritas de preocupación, cogidas de la mano y Saray, la más pequeña, abrazaba su peluche favorito. Se rascó la cabeza pelada y con una gran sonrisa les dijo que no se preocupasen, que se lo iban a pasar estupendamente.

 

Los días previos al viaje estuvieron cargados de demasiada tensión en casa. La atmósfera era densa y las pobres niñas habían visto más discusiones de lo habitual. Ahora por fin les esperaba un remanso de paz durante quince días en las playas de Granada. Sole encendió la radio para que las niñas se animaran un poco y también para que ellos se pudieran relajar. Esperaron a que llegase el coche de los primos de Miguel Ángel, Lucía y José Pablo. En cuanto vieron el Audi A5 azul marino dando las luces detrás de ellos, se pusieron en camino. Pronto cogieron la carretera de Andalucía, donde Miguel Ángel aprovechó para poner el coche a ciento treinta y cinco kilómetros por hora.

— ¿Qué tal váis? —Preguntó Sole volviéndose hacia los asientos traseros.

— Bien — dijeron las niñas.

— Si os mareais hay bolsas en las puertas. Bueno, dime, ¿qué te pasó ayer que viniste como un remolino? —dijo dirigiéndose a su marido.

— El imbécil de Adrián. Estaba a punto de salir del trabajo cuando coge y me suelta que si en vez de ir al apartamento hoy, podríamos hacerlo mañana.

— ¿Perdón?

— Como lo oyes. Porque resulta que había concertado con un cliente el ir a repararle el aire hoy. Le dije que ni de coña, que fuese él que para eso estudió lo mismo que yo. Hombre, es que encima voy a retrasar las vacaciones porque él me lo diga.

— No sé cómo puedes seguir trabajando con él. Es un impresentable.

— Pues porque es mi amigo, Sole.

— Miguel, tan amigo no puede ser con lo que hace contigo en el trabajo.

— A ver, que él también está sufriendo lo de la crisis. Luego cuando terminamos la jornada nos tomamos unas cañas y ya está. Sigue siendo el mismo Adrián que conocí en el instituto. Un tío guay, atento…

— Mami, me estoy mareando —dijo Saray con una vocecita correspondiente a un cuerpecito más pequeño, como si fuese diminuta.

— Ábrete la ventana corazón. Carla, coge una bolsa para tu hermana.

— Ay, no… Va a vomitar otra vez. Qué asco —dijo Carla con voz lastimera.

— ¿Paramos tesoro? —Preguntó Miguel Ángel.

Antes de poder contestar nada, Saray vomitó en la bolsa que le había dado su hermana.

 

La estación de servicio más cercana se encontraba a rebosar de veraneantes. Nada más aparcar, Sole se llevó a las niñas al baño para que Saray se refrescara un poco. La niña estaba pálida y mustia. Su madre la sentó en la encimera para poderle mojar la carita. Cuando estaba implicada en esta labor, Lucía entró en el baño seguida de su hija, una niña rubita de la misma edad de Carla. Se acercaron a Sole y su pequeña para preguntar si todo iba bien. Con una sonrisa, Sole les contestó que todo estaba perfectamente, lo único que su hija se había mareado. Lucía le contestó que a ellas les había pasado igual y explicó que a su hija también le mareaba el coche y que les pareció estupendo que decidiesen parar. Así que las dos les echaron agua en las nucas y las frentes de sus hijas, mientras las niñas jugaban. Cuando ya estaban un poco mejor, fueron a la barra de la cafetería de la estación de servicio donde se encontraron a sus maridos. José Pablo era alto y fuerte, con una cabellera densa y vestido con un polo rojo y pantalones cortos blancos, lo que contrastaba con Miguel, que no era ni tan alto, ni fuerte, ni con pelo y llevaba un estilo de veraneante madrileño inconfundible.

El piso al que iban a ir de vacaciones era de los padres de Lucía. Alguna vez habían ido con los tío y primos de Miguel a veranear, pero normalmente preferirían ir por su lado. Sin embargo, Lucía y José Pablo iban todos los años a pasar sus vacaciones allí entre amigos granadinos. Mientras se tomaban el café, les estuvieron contando los planes que tenían para esas semanas de vacaciones: ir a los restaurantes más sofisticados, los bares de ambiente más modernos y los cortijos flamencos con más encanto, ya que eran, todos ellos, sus destinos habituales. Claro que, cuando Sole y Miguel Ángel preguntaron por los precios sus bolsillos temblaron de horror. Apenas habían podido ahorrar unos euros para poder permitirse una paella en el chiringuito.

— ¿Y el trabajo qué tal? —preguntó Sole.

— Estupendamente, querida —dijo Lucía.— Este año a José Pablo le han ascendido y está encantado. Y a mí este año no han parado de llamarme clientes nuevos, así que estoy liadisima, pero merece la pena. Nunca me he sentido tan realizada como en este momento. Además, hemos podido ahorrar y estamos pensando en mudarnos a una casita de una urbanización preciosa en Pozuelo, que es más grande que el piso que tenemos. Así para la niña será mejor, podrá jugar con sus amigas en el jardín y bañarse en la piscina. Pero ya os contaremos. En cuanto encontremos algo y nos hayamos instalado estáis invitados.

Lucía se acercó a su marido, le abrazó, le besó la mejilla con ternura. Los dos rieron como colegiales. Sole y Miguel Ángel se miraron un poco incómodos.

— ¿Y vosotros qué tal? —dijo José Pablo.

— Bien. —Miguel se llevó a la boca su cortado.

— ¿Cómo te va el negocio de los aires acondicionados?

— Bien, ahí vamos. Ya no se instalan tantos, pero se rompen, así que trabajo tenemos.

José Pablo asintió distraído.

— Sole, ¿sigues en la boutique? ¿Cuánto tiempo llevas ya? Un montón, ¿no? Porque empezaste cuando eras una cría—dijo Lucía.

— Sí. Desde el noventa y ocho.

— Caray, yo no aguantaría estar más de dos años haciendo lo mismo. Lo bueno que tiene la psicología es que cada paciente es un mundo. Así que es entretenido. Y como me encanta probar técnicas nuevas, siempre es diferente.

Miguel Ángel miró la hora en el teléfono móvil y sugirió volver a ponerse en marcha, para poder llegar bien. Aunque Lucía les dijo que no se preocupasen, que a sus padres no les importaba esperar un poco más si llegaban tarde, Sole y Miguel querían llegar al coche cuanto antes.

 

Estuvieron en silencio durante una buena parte del trayecto. Las niñas iban dormidas cuando Miguel Ángel aprovechó para hablar con Sole. Le preguntó qué opinaba de Lucía y José Pablo, a lo que ella respondió que no recordaba que fueran así. Miguel se quedó pensativo durante unos minutos. En la radio empezó a sonar “Smells like teen spirits” de Nirvana y Sole la cantó en voz baja para no despertar a las niñas. Pronto se pusieron a hablar de sus recuerdos de juventud, lo bueno que era vivir en aquella burbuja de ilusión, cuando no les faltaba de nada y el mundo era suyo. De las noches en las discotecas de Madrid, cuando se respiraba el resquicio de ese despertar que fue la Movida. Y cuando más nostálgicos estaban hablando de sus historias, cayeron en la cuenta de que se oía una especie de golpeteo rítmico en el coche y una espesa nube de humo negro con olor a caucho se veía a través de la ventanilla del copiloto. De forma inmediata, pararon el coche en el arcén. Miguel Ángel salió del coche con el chaleco reflectante a comprobar las ruedas, aunque no le llevó demasiado tiempo descubrir que se había pinchado la delantera derecha. Sole en el interior del coche tranquilizaba a las pequeñas, les decía que tendrían que quedarse un ratito ahí parados hasta que cambiasen la rueda.

Cuando Miguel Ángel abrió el maletero, el Audi A5 se paró justo detrás. De él salió José Pablo que saludó al atareado Miguel.

— Menudo pinchazo, ¿verdad?

— Sí, qué oportuno —ironizó Miguel.

— Tranquilo hombre, esto le pasa a cualquiera. ¿Has cambiado alguna rueda?

— No.

— ¿No? Pues esta será la primera —rió José Pablo.— Con esta si no he cambiado tres no he cambiado ninguna. Vamos lo primero de todo a buscar las herramientas.

En menos de media hora, la rueda quedó completamente cambiada. José Pablo les recomendó un concesionario en Granada para que pudieran cambiar la rueda en cuanto llegasen a su destino. Se dieron un hasta pronto y José Pablo se metió en el Audi. Según pasaba el coche por su lado, vieron como se despedían de ellos con la mano.

— Éstos me ponen nervioso—refunfuñó Miguel mientras se ataba el cinturón.— “La familia perfecta”. Con su casa perfecta, su trabajo perfecto, sus vacaciones perfectas…

— A ver, Miguel, tendrán sus cosas… Como nosotros las nuestras.

— Claro, se les ve tan agobiados teniendo que hacer malabares para pagar la hipoteca…

— ¿Y qué más dá lo que ellos tengan o hagan? Preocúpate tú de ser feliz con lo que tienes, amor. Por ejemplo, mira que hijas más guapas y listas tienes… Eso ya es una alegría.

— Si lo sé, Sole. Pero es que quiero que seáis felices… Quiero que no os falte de nada. Pero aunque trabajemos de sol a sol no conseguimos tener todo lo que siempre hemos querido. No avanzamos.

— Pero, amor, no está todo perdido… Somos jóvenes. Todavía podemos hacer cosas y cambiar lo que tenemos. Porque me niego a pensar que me voy a jubilar en la tienda, vamos, que no.

Sole se recostó en el asiento y no dijo nada más hasta que llegaron al piso de Granada. Saludaron a los tíos de Miguel Ángel y se instalaron. José Pablo les invitó a ir con ellos para tomarse un aperitivo en una cafetería a la que solían ir, pero la familia les dijo que ellos preferían bajar a la playa y tomarse algo junto a la brisa del mar. La playa estaba tranquila a aquellas horas. Un atardecer de llamas rojas y naranjas cubría el cielo. Miguel plantó la sombrilla e instalaron un par de toallas y un par de sillas de aluminio. Las niñas pronto se pusieron a jugar en la arena con sus cubos y palas mientras sus padres las vigilaban al resguardo de la sombrilla.

— ¿Adivinas quién me ha llamado hace un rato? —preguntó sonriente Miguel.

— No me lo digas, tu socio.

— El mismo. Quería que volviese antes de las vacaciones porque un cliente tenía problemas con el aire que le instalé el otro día.

— ¿Y qué le has dicho?

— Que ni hablar y que ya hablaremos cuando vuelva de vacaciones. Creo que me voy a ir por mi cuenta y voy a trabajar solo. Esto ya se pasa de castaño oscuro.

Sole le felicitó por su decisión y le mostró su apoyo. Aunque le recordó que todavía tenía esos días en la playa para planearlo bien y que no debía de hacer nada precipitado.

— Sabes, Miguel, yo también tengo una cosa que contarte. Es sólo una idea, pero llevo varios meses dándole vueltas. Sabes que a mí siempre me ha gustado coser y pensar en nuevos diseños y eso… Pero no me decidía a dar el paso. Pues es que vi una academia de costura y patronaje que ofrecía cursos y pasé a informarme. Están muy bien y creo que voy a empezar uno en septiembre. Estoy cansada de estar en la tienda, Miguel. Quiero sentirme bien conmigo misma cada día. Trabajar por algo que me llene.

Su marido la abrazó y le dio un beso. Le dijo que se alegraba por ella y que no se preocupase por el tiempo ni el dinero, que se arreglarían para que ella pudiese sacar su curso adelante. Avisaron a Carla y Saray para que se bañasen con ellos.

Entre salpicones, juegos y risas, la familia pasó un rato muy agradable. Más tarde vinieron Lucía y José Pablo con su hija para pasar la tarde con sus primos. Lucía invitó a un helado a las niñas. Y aunque siguieron hablando de su vida perfecta, a Sole y a Miguel Ángel no les producía la más mínima envidia, puesto que ellos habían decidido mejorar las suyas.

 

Plantitas mostoleñas

¡Hola de nuevo!

Durante este último mes, me he percatado de que diversas plantitas han colonizado varias macetas olvidadas en mi ciudad. Tampoco es que fueran muchas macetas, pero las suficientes para que llame la atención. Una amiga fue la primera que me lo dijo: «¿Sabes? Esta mañana cuando he salido para ir a la universidad, me he encontrado los maceteros de al lado de mi casa replantados.»

Me pasó estas fotos y me contó que se había sorprendido porque no recordaba que estuvieran allí. Alguna planta así en plan rebelde sí, pero no como estaban estas. Así que me invitó a verlo. Había un poco de todo: Romero, tomillo, aloe, alguna tomatera… Mi amiga me dijo que era la segunda vez que aparecían plantas allí, pero que no solían durar mucho porque algunos vecinos las arrancaban. De hecho, me señaló un agujero en la tierra donde debió de existir alguna planta en otro momento.

wp-1479291461960.jpgMe contó que su madre había estado hablando con las vecinas y le habían dicho que esas plantas no eran del Ayuntamiento, sino que las habían puesto unos chicos. Mi amiga dijo que a ella le parecía muy bien esta acción, pero que le molestaba que no lo respetasen. A mí, personalmente, me dio qué pensar. Porque daba la impresión de que si las plantaban personas normales, como nosotras, los vecinos se aprovechaban y las quitaban; pero si las ponía el Ayuntamiento, la gente parecía que se moderaba o les daba miedo y las respetaban… Eso o que en realidad, se roban más plantas de las que nosotras nos pensamos.

Esto fue hace ya casi un mes, pero hace poco vi que habían surgido plantitas en unas macetas del parque Cuartel Huertas. Ese parque lleva dejado ya bastante tiempo. Es decir, lo cuidan más o menos, pero entre que el agua de la fuente está verde más tiempo que clara y las plantas suelen sobrevivir porque son muy duras y no porque les hagan mucho caso, tampoco es que se pueda decir que esté a las mil maravillas. Pues allí hay un pasillo lleno de jardineras vacías, hasta que aparecieron, de repente, plantas como en casa de mi amiga.

No sé qué deciros. A mí me parece bonito. Es una acción altruista que anima la ciudad. Porque si fuese de algún político enseguida se hubiesen puesto medallas y habrían dicho que están haciendo mucho por nosotros. Que les debemos la vida y esas cosas… Pero con estas plantas nadie se ha proclamado dueño y señor. Simplemente las ponen para el disfrute de todos y ya está. Por eso, se me rompió el corazón ayer cuando fui por el parque y me encontré esto:

¡No quedaba nada! Se las habían comido con patatas… Yo supongo que fueron los jardineros del Ayuntamiento quienes las arrancaron. Pero que alguien me explique, ¿qué hay de malo en que haya plantas en esas jardineras? ¿No se les encarga que cuiden de las plantas de la ciudad? Supongo que serán sólo las plantas que les dice el Ayuntamiento. Y respeto su profesión, de verdad, puesto que ellos mantienen la ciudad limpia para que no parezca una jungla, ¿pero es que no podían haber mirado simplemente para otro lado y dejarlas ahí que creciesen alegres y a su ritmo? Tampoco eran de nadie en particular…

Me da pena que ocurran estas cosas. Cuando alguien intenta hacer algo en beneficio de los demás pero va a contracorriente y se le castiga. Móstoles, como otras ciudades de Madrid, no es lo que se dice verde y ecológica. Hay polución y ríos contaminados por vertidos fecales. Basura en las calles, depende de las zonas. Y la falta que hace de árboles y plantas para poder limpiar el aire y tener más humedad, nadie la cubre. De hecho, siempre es más sencillo talar o cortar que plantar. Lo más gracioso de todo, es que hay un plan de ciudad verde, pero aquí nadie hace nada. Sólo servirá para campaña electoral, como muchas otras cosas. Y es que es desalentador observar cómo la calidad de vida ha disminuido de una manera tan acentuada desde el siglo XX y lo que el ser humano le ha hecho al Planeta.

Creo que deberíamos de hacer igual nosotros, que deberíamos de tomar las riendas de lo que ocurre a nuestro alrededor, incluso por pequeño que parezca. Creo que como ciudadanos deberíamos de implicarnos más en las cosas que nos preocupan. Un fin de semana de estos iré por ahí lanzando semillas. Y vosotros si queréis también lo podéis hacer. Que no digan que no nos preocupan nuestras ciudades. Será un acto de revolución a pequeña escala. Pero cada plantita que nazca, será una victoria.

 

Pensadlo y ya me decís. Nos leemos y un saludo.

¡Hola!

¿Qué tal amigos? Hace muchiiiisimo que no posteaba algo, porque pasarme sí que lo he hecho más o menos regularmente…

Desde marzo son muchos meses los que han pasado y muchas las desgracias que han ocurrido en este pequeño mundo 😦 que como las víctimas de Bruselas, cada una de ellas se merecen todo nuestro apoyo. Es realmente triste. Se necesitaría una entrada diaria diciendo cuánto lo siento para que les diese a todas las víctimas la misma atención. Ojalá estas cosas no pasasen, pero por desgracia el mundo es como una boñiga fresca llena de moscas revoloteando, y muchas situaciones horribles les ocurren a las personas buenas.

Quería contaros que hace poco participé en un concurso, pero no puedo publicar el relato que hice, ya que tiene que ser inédito tanto en formato físico como en digital. En cuanto sepa algo (allá por diciembre) si puedo lo publicaré aquí, ya que estoy muy orgullosa del resultado :).

Por otra parte, también os quiero comentar que he decidido participar en colaboración con otro blog con temática de la serie Doctor Who: Doctor Disco. Allí publicaré desde ilustraciones, fanfics y lo que se me vaya ocurriendo. Además tiene una tienda online donde podréis comprar merchandise del Doctor a buen precio ;). Os recomiendo que le echéis un ojo pues le dedicamos Álvaro y yo nuestras mejores intenciones.

A ver si nos vemos más a menudo, queridos lectores. Espero en breves postear algún relato con motivo de Halloween. Esta fiesta siempre me da inspiración. Cuidaos mucho y nos leemos.

Tristeza e impotencia #JeSuisBruxelles

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Esta mañana nos hemos topado con el terrorismo de frente. Con el corazón en un puño, hemos contemplado las imágenes de los atentados, como ya ocurrió en París. De una bofetada nos han vuelto a recordar que en cualquier momento y lugar, hay seres humanos (aunque esto es discutible) que le arrebatan la vida a personas inocentes.

Mi pésame para todas las víctimas del terrorismo de ayer, de hoy y de mañana.

 

Saludos.

Europa, esa hipócrita que da la espalda a los refugiados

© ACNUR/UNHCR A. McConnell

Hace ya unos cuantos días que quiero escribir sobre los refugiados y su situación. Lo que pasa es que no sabía si contar todo lo que pienso como una historia de ficción o como un artículo de opinión. Al final me he decantado por la segunda, porque estas cosas tienen suficiente peso en nuestra realidad que no hace falta inventar nada.

Según cifras de ACNUR,  se registraron en busca de protección más de cuatro millones de refugiados distribuidos en países como Egipto, Irak, Líbano, Turquía y Jordania. Europa, hace unos meses, decidió repartir entre países miembros la gran cantidad de personas que llegaban huyendo del conflicto. En concreto, 160.000. Básicamente porque Grecia no podría hacerse cargo de todos y de esta manera sería más equitativo. Así España decidió acoger a 14.931 refugiados. Y todo parecía que iba a ir bien, a pesar de las reticencias de algunos países escandinavos a hacerse cargo de la seguridad de los refugiados. Hasta que el pasado lunes 7 de marzo, se decidió que se cerraría la ruta de los Balcanes y que se declararía a Turquía como país seguro, deportando allí a todos los refugiados que pidieran asilo en cualquier otro país miembro. Y es que sólo han conseguido el asilo prometido 937 personas de las 160.000 que prometió Europa. Todo ello por la lentitud de las administraciones de los países miembros. Sigue leyendo Europa, esa hipócrita que da la espalda a los refugiados