Archivo de la etiqueta: Amor

La fiesta

Abrí la puerta del armario. Con el pelo todavía húmedo bajo la toalla, me dispuse con todo el buen humor que era posible, a encontrar un conjunto perfecto. Si normalmente tenía problemas para saber qué me iba a poner, esa noche tenía el problema añadido de que no tenía ni pizca de ganas de ir a la fiesta. Vente, Isa, ya verás cómo lo pasamos bien, resonaban una y otra vez en mi cabeza las palabras de Miriam. ¡Por supuesto! pensaba yo, sobre todo cuando la persona que da la fiesta ni te ha invitado, ni te agrada lo más mínimo. Al final me decidí por unos vaqueros ajustados y una camisa verde botella, elegante y sencillo, el conjunto perfecto para pasar desapercibida. Tocaron al telefonillo. Mi madre me dijo que era Miriam que había venido a buscarme. Le dije que todavía no estaba lista, que me tenía que secar el pelo. Pude oír como mi madre le explicaba a mi amiga lo lenta que soy siempre y que le daba las gracias por sacarme un poco de casa. Bien, gracias mamá. Sigue leyendo La fiesta

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Olas de libertad

Hola, queridos amigos y amigas.

Os presento el relato que escribí para el concurso Moon Magazine, que como podéis imaginar, no gané nada. Aún así, me siento muy contenta de esta historia y la quiero compartir con todos vosotros.

Últimamente no escribo mucho para Ensoñaciones, pero sí que estoy escribiendo un fanfic para el blog Doctor Disco. Ahí subo cada quince días.

Esta imagen tan bonita y veraniega es de David Shipton.

Espero que estéis bien y os deseo un año estupendo. ¡Un abrazotee!


 

— Entonces, ¿cuándo tenéis pensado volver?

— Estaremos hasta finales de julio, mamá. —Dijo Miguel Ángel.— Nosotros nos quedaremos quince días y los primos otra semana más.

— Bueno, bueno. Entonces dentro de nada os tenemos por aquí. Pensaba que ya no iba a ver a las niñas en verano.

— No se preocupe, Mayte, que aquí nadie le va a quitar a sus nietas — dijo Sole un poco molesta—. Mientras tiene los de sus otras hijas, que son igual de suyos. Llévelos al cine, al Retiro, y ya verá qué rápido se le pasa. Nosotros nos vamos ya, que hemos quedado con los tíos después de comer para el cambio y tenemos un poco de prisa.

La familia se despidió de los abuelos y bajó al coche. La casa de los padres de Miguel estaba muy cerca de la suya, sólo les separaba una manzana en el barrio castizo de Chamberí. Ahora con las inminentes vacaciones, la ciudad se sentía un poco menos congestionada, por lo que moverse en coche era un lujo.

— ¿Era necesario que le hablaras así a mi madre, Sole? —dijo Miguel Ángel mientras abría la puerta del coche.

— ¿Era necesario que ella dijese eso? Como si no las viese lo suficiente, ¡si ve a las niñas más que tú y que yo!

— Eso no es verdad, y lo sabes.

Sole se sentó en el coche de brazos cruzados y con el ceño fruncido. Sin dejar de sostener la mirada de su marido, se puso las gafas de sol y sacó el GPS del bolso para poner las coordenadas.

— Sólo espero tener un viaje tranquilo, nada más. Y desconectar de todo esto… Disfrutar los cuatro. No es tanto pedir. Pero tu madre se empeña en dar la pulla cada vez que puede.

— Lo que tú digas, Sole. Si ya sabes como es, no le sigas el juego — dijo irritado.

Miguel Ángel observó a las niñas a través del espejo retrovisor. Estaban con caritas de preocupación, cogidas de la mano y Saray, la más pequeña, abrazaba su peluche favorito. Se rascó la cabeza pelada y con una gran sonrisa les dijo que no se preocupasen, que se lo iban a pasar estupendamente.

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Cupido desatado: Capítulo V

Si hiciéramos un brain storm sobre la violencia de género, ¿qué palabras creéis que saldrían? Cosas como machismo, patriarcado, dolor, daño y sometimiento podrían encajar perfectamente.

Desde un tiempo a esta parte, he estado profundizando más en este tema. Por suerte, nunca he sufrido una relación así. Pero como mujer encuentro necesario el informarme para poder prevenirlo en amigas, familia e incluso en mí misma. Cuando era adolescente pensaba que el maltrato era únicamente físico, pero luego con el tiempo descubrí que había otros tipos, como el mental o el económico. El último programa de Salvados habla sobre este tema que levanta sarpullidos, y lo analiza desde diferentes perspectivas. Os invito a mirarlo. Pero además, os pido encarecidamente que veáis este vídeo de Pamela Palenciano, en el que se explica una relación tóxica, dañina y desigual entre un hombre y una mujer. Os dejo además el enlace a la asociación Ana Bella que ayuda a mujeres que han sufrido violencia de género y tienen programas educativos en igualdad.

Vivimos en una sociedad llena de micro y macro machismos. Estos últimos días, cuando he ido a buscar trabajo me han recordado unas cuantas veces que era mujer, cosa que considero innecesaria. Parece mentira que aún haya instaladas ideas como que tengas que casarte y tener hijos para ser una mujer de provecho, someterte y renunciar a ti misma por “amor”, aprender a hacer las labores de la casa porque es tu obligación, que haya quien nos considere más tontas que los hombres… Y muchas cosas más.

Es cierto que somos diferentes hombres y mujeres. Pero son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Por eso quiero una igualdad real para vivir en un mundo donde se nos valore por lo que somos. Tanto a hombres como a mujeres.

¿Y vosotros qué pensáis?

Si quieres leer desde el principio esta historia, pincha aquí.


El apartamento de Sara se encontraba a unos pocos kilómetros de la cafetería donde el motorista había abusado de ella. Invitó a entrar a Paul y le dijo que se sentara en el sofá mientras ella tomaba una ducha. No tuvo más remedio que confiar en él. Le preguntó si quería que le preparase algo, pero él le indicó que no se preocupara. Sigue leyendo Cupido desatado: Capítulo V

Cupido desatado: Capítulo IV

El amor tiene muchas caras, y no todas ellas agradables. Como suele decirse, el amor es como una rosa: huele bien, es hermosa pero tiene espinas. Y hay veces que puedes confundir una rosa con un cardo. Cuando pasa esto es mucho más doloroso además de no ser nada bonito. Pero uno se engaña y piensa “si es un cardo precioso”, cuando no es así, los cardos nunca son bonitos. Sino, quien sea que venga y me demuestre lo contrario.

Y si además nos topamos con demasiados cardos en nuestra vida, eso afecta a nuestra forma de ver las cosas, ¡puesto que pensamos que ya sólo existen cardos! Pero no. Por eso no se deben tratar a las rosas como cardos, porque sufren, ni a los cardos como rosas, ya que no lo son. Cuidad de vuestros jardines para sentir la increíble satisfacción de verlos siempre hermosos y correspondidos.

Si no habéis leído las dos partes anteriores, pinchad en los siguientes enlaces: Capítulo I, Capítulo II, Capítulo III.


El hombre que recibió el flechazo tenía la cabeza afeitada, medía unos dos metros y era puro músculo. Vestía unos pantalones vaqueros ajustados, una camiseta de manga corta blanca y un chaleco de cuero negro con un tigre bordado detrás. Era el típico motero enorme con los brazos llenos de tatuajes y ahora estaba semitumbado en el suelo del pasillo con una mano en el pecho. Como había pasado con Bruno, en cuanto el motorista vio a Sara se quedó completamente prendado de ella, así que apartó al enfermero que le atendía hacía un momento y a cualquiera que pasase delante de su camino.

Cariño, ¿te encuentras bien? —Bruno acababa de llegar y rápidamente aferró la mano de Sara entre las suyas.

Aparta de ahí enano —dijo el motorista que acababa de llegar. De un empujón separó a Bruno de Sara.— Esta mujer es mía y si hace falta, te aplastaré los sesos para tenerla. Sigue leyendo Cupido desatado: Capítulo IV

Si dudas, ven a verme

Muchas veces pienso cómo sería mi vida si hubiese hecho esto o lo otro, si me hubiera quedado al lado de ciertas personas, o si nunca las hubiese conocido. La teoría de los universos múltiples o paralelos es muy atractiva, aunque aún no se tiene la certeza absoluta de que existan, a mí muchas veces me gustaría tener un agujero de gusano y mirar a través de él qué pasa en esos otros universos. De todas esas cosas surgió la idea para este relato.

La fotografía es de Fran López

Un abrazo.


La miré de arriba a abajo y me pareció una muchacha perdida.

¿Podría ayudarme? — Me preguntó.

Claro, pasa.

El sol se empezaba a acostar bajo las olas del mar en aquella tarde de verano. El calor aún se hacía presente, pero no por ello la gente dejó de acercarse a la feria. Soy un itinerante, como los demás, pero nunca he pertenecido a una caravana. Prefiero ir junto a mi gato Merlín, un minino negro de ojos azules. Los dos solos. Pero, aún así, me gusta montar mi caseta en las ferias, llenas de luz, de risas y alegría. O al menos eso es lo que nos parece a la mayoría, puesto que siempre hay personas con problemas. Sigue leyendo Si dudas, ven a verme