Europa, esa hipócrita que da la espalda a los refugiados

© ACNUR/UNHCR A. McConnell

Hace ya unos cuantos días que quiero escribir sobre los refugiados y su situación. Lo que pasa es que no sabía si contar todo lo que pienso como una historia de ficción o como un artículo de opinión. Al final me he decantado por la segunda, porque estas cosas tienen suficiente peso en nuestra realidad que no hace falta inventar nada.

Según cifras de ACNUR,  se registraron en busca de protección más de cuatro millones de refugiados distribuidos en países como Egipto, Irak, Líbano, Turquía y Jordania. Europa, hace unos meses, decidió repartir entre países miembros la gran cantidad de personas que llegaban huyendo del conflicto. En concreto, 160.000. Básicamente porque Grecia no podría hacerse cargo de todos y de esta manera sería más equitativo. Así España decidió acoger a 14.931 refugiados. Y todo parecía que iba a ir bien, a pesar de las reticencias de algunos países escandinavos a hacerse cargo de la seguridad de los refugiados. Hasta que el pasado lunes 7 de marzo, se decidió que se cerraría la ruta de los Balcanes y que se declararía a Turquía como país seguro, deportando allí a todos los refugiados que pidieran asilo en cualquier otro país miembro. Y es que sólo han conseguido el asilo prometido 937 personas de las 160.000 que prometió Europa. Todo ello por la lentitud de las administraciones de los países miembros.

Mientras, los campos de refugiados son infrahumanos. Han tenido que pasar un invierno, que por suerte ha sido cálido, bajo tiendas de campaña de Decathlon los que tenían suerte. Mafias lucrándose a costa de la desesperación, con un negocio lleno de dolor, transportando familias enteras bajo las peores condiciones de seguridad. Pero, que yo sepa, nadie intenta solucionar ese negocio de personas. Pocos sitios te hablan de los niños que desaparecen. Las muertes que se producen cada día carecen de relevancia, mientras que cuando mueren ciudadanos europeos es toda una historia la que hay detrás. ¿O es que no os acordáis de las víctimas del fatídico accidente de Gemanwing, o del atentado en París? ¿De aquellos telediarios morbosos sobre la vida y gloria de cada víctima? Y no es porque quiera quitar importancia a esos sucesos, al contrario. Todos son tragedias, y todos son muertos igual. Personas que tenían una vida, un futuro, una familia y amigos antes de ese final.

Quizá lo que más me cuesta entender son esas personas que piensan que la mayoría son terroristas encubiertos. Es posible que alguno se llegue a introducir en Europa, no digo que no, pero puede ser un porcentaje ínfimo. Probablemente irrisorio. Porque un terrorista no va a aguantar estar meses y meses en un campo de refugiados. Seguramente que hasta tenga pasaporte y número de identidad porque tiene ya nacionalidad europea. Entonces, ¿vamos a dejar a todos esos refugiados allí, solos y desprotegidos? ¿En la miseria? Cómo vamos a pretender que luego no haya rencores si desde el principio les damos la patada. Pretendemos que la integración sea siempre trabajo del que viene, pero los que estamos debemos de preocuparnos también por integrar sus costumbres. Porque no se hace mal a nadie cuando se mezclan culturas. Ninguno pierde su identidad, simplemente se juntan para aprender una de la otra.

¿Quiénes somos nosotros, los europeos o cualquier otro, para decirnos que somos mejor que los demás? Para que sucedan actos tan vergonzosos como el que tuvo lugar ayer en la Plaza Mayor de Madrid, cuando unos seguidores del club PSV Eindhoven humillaron públicamente a unas mendigas. El egoísmo, la hipocresía y la pedantería ensucian los actos de las personas para convertirlos en abominaciones.

A pesar de esta situación, no está todo perdido. Hay iniciativas no tan mediáticas porque son pequeñas, pero no por ello menos importantes. Por ejemplo, un grupo de cacereños a través de la ONG Confines Solidarios partirán a Lesbos el día 20 de marzo para llevar bienes necesarios a la población refugiada. O también la iniciativa de La Red Ciudadana de Acogida de Leganés, que quiere mandar material de bricolaje, camping, ropa y comida a los campos de refugiados en Francia. Con este tipo de iniciativas seguramente la situación cambie un poco. Al menos se hace visible que a los ciudadanos no nos gustan las medidas que se están llevando a cabo. Si nosotros queremos, somos más eficaces que cualquier administración. Ya sea para ayudar a los refugiados y a nosotros mismos. Porque no hay que olvidarlo, ahora mismo muchas personas están pasando hambre y miseria en nuestros propios países.

Mucho ánimo para todos los que lucháis cada día como si fuera el último, con la esperanza de encontrar una vida mejor. Saludos.

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