Apocalipsis Zombie TV: Capítulo I

Hay que ver, la de cosas que tengo que contar esta semana. La verdad es que desde hace un tiempo no soy capaz de actualizar semanalmente. Es el calor, son los ordenadores y las vacaciones. Durante la semana pasada estuve de relax en otra parte de la Península Ibérica y sin wifi, y aunque realmente tenía preparada esta entrada, no la publiqué porque mi corrector de confianza me aconsejó que lo revisase mejor porque sino la podría “liar parda”. Y lo cierto es que ha sido mejor así. Nunca, repito NUNCA publiquéis algo sin revisar. Es la muerte 😦

En cuanto a esta historia, tenía muchas ganas de empezar una serie nueva de otra temática más oscura. Normalmente no se me da muy bien hacer cosas de terror, pero espero que cuando terminéis de leer esta entrada, os haya conseguido transmitir algo. Con eso me conformo. Esta historia tiene como referencias Dead Set, en cuanto que ambos son realitis con zombies; The Walking Dead, porque me gustaría tratar las relaciones entre personas que deben sobrevivir en un mundo zombie; y Resident Evil, porque hay otras cosas además de muertos vivientes engendradas genéticamente… Realmente no he querido hacer ningún tipo copia, fanfic, etc. Por lo que no debe ser tomado como tal.

Si os gustan los zombies, queréis recomendar algo para posteriores entradas de la historia y demás, espero vuestros comentarios. Pero sobre todo, que os guste. Seguidme en Twitter y Facebook porque voy informando de lo que pasa con las entradas y otras cosas relacionadas con la escritura y los libros. También quiero recomendaros el blog de un amigo: Rueda Cuadrada.

Por cierto, la ilustración ha sido encontrada en la red… Os diría de dónde es originalmente, pero no tengo ni idea…

Un abrazo.


— Buenas noches a todos, me llamo Mary Thomson y bienvenidos a la primera edición de Apocalipsis Zombie, que tendrá lugar en Falls Peace, Nevada. — dijo una mujer ataviada con un elegante vestido rojo, muy bien maquillada y con el pelo largo y ondulado. Se encontraba en medio de un plató lleno de gente—. Nuestros concursantes deberán sobrevivir en la ciudad infectada durante diez semanas para poder llevarse la suma total de… ¡Quinientos mil dólares! — El público aplaudía y aullaba como si fueran a enloquecer.
» Esta es la primera vez que se realiza un programa de estas características. El estudio ha trabajado mucho para poder desarrollarlo, y la inversión ha sido espectacular. Veintitrés kilómetros cuadrados de la antigua Falls Peace reconstruidos y adaptados para convertirlos en el escenario del programa. Más de nueve millones de cámaras ocultas esparcidas por toda la ciudad y al menos diez equipos diferentes de realización, para que no se pierdan nada desde casa. Los seres que verán en sus pantallas han sido creados exclusivamente para este programa por Laboratorios Scairp, pionero en ingeniería genética. Vamos a conectar con los concursantes en directo.
En una pantalla que ocupaba toda la pared apareció la imagen de nueve personas en un helicóptero que estaban sujetas con cinturones. El grupo lo componían cinco hombres y cuatro mujeres de diferentes edades que saludaron al unísono a la presentadora.
— Buenas tardes chicos. ¿Estáis nerviosos?
— Qué va. Esto será como un paseo por el campo — se rió una joven concursante afroamericana que vestía una camiseta verde lima y pantalones cortos amarillos. Se llamaba Betty Cooper.
— Ya veremos… Mi obligación ahora mismo es explicaros las reglas del programa.
» Primera: Los que consigan subir a este mismo helicóptero el último día de supervivencia ganarán quinientos mil dólares por cabeza.
Segunda: Cualquier asesinato entre concursantes supondrá la descalificación automática del asesino.
Tercera: Todos llevaréis una minicámara en la cabeza para grabar vuestro punto de vista. Ninguno deberá desconectar su cámara individual en ningún momento ni bajo ninguna circunstancia.
Cuarta: Dentro de Falls Peace podéis utilizar cualquier cosa que encontréis. Podéis acabar con los seres que ahí habitan, pero no se os recompensará ni penalizará.
Quinta y última regla: Cada día se os proporcionará una prueba cuya recompensa será un refugio seguro y comida de calidad.
» Hoy no tendréis ninguna prueba en especial, sólo debéis sobrevivir a esta primera noche con el contenido de vuestras mochilas de supervivencia. Dicho esto, os deseo buena suerte.

La cúpula de cristal que cubría Falls Peace se abrió lentamente para dejar pasar al helicóptero. Una escalera de cuerda se desenrolló para caer segundos más tarde encima de la azotea de un edificio. Uno a uno los concursantes descendieron y acto seguido se quedaron solos en la ciudad.
Falls Peace era extrañamente silenciosa. No se escuchaban coches, ni personas, ni sirenas. Tampoco había ruido de obras como en cualquier ciudad. Solamente algunos pájaros cantaban estridentes. Los edificios estaban viejos y algunos ya empezaban a mostrar problemas estructurales. Las plantas habían agrietado el asfalto de las calles y algunas habían invadido comercios y coches. Era desolador. Ni un alma parecía habitar ese lugar, excepto los concursantes ahora presentes.
— Esa puerta de allí probablemente dará al interior — dijo Gregory Evans, un musculoso hombre de unos treinta años —. Pero necesito alguien que me cubra. Tú, ¿vienes? — le preguntó a un concursante que presentaba rasgos de nativo americano. Se llamaba simplemente por su apellido,Taylor, ya que él nunca quiso revelar su nombre para el concurso. Los dos se alejaron del grupo.
— Deberíamos de estar juntos para sobrevivir mejor — dijo Wanda Price un poco asustada. Era la mujer más madura del grupo. Recién entrada en los cuarenta, tenía un cuerpo bien cuidado y una gran cantidad de maquillaje en la cara.
— Lo primero que deberíamos de hacer es comprobar lo que nos han dado — le dijo Don Morgan a su compañera mientras abría su mochila para comprobar qué había dentro. Don se acercaba peligrosamente a los setenta años y era el que más edad tenía. Era un hombre alto afroamericano seco de carnes. Unas gafas con montura al aire y un sutil bigote adornaban su cara.
Acto seguido todos empezaron a revolver dentro de sus mochilas de supervivencia. La equipación la conformaban una manta térmica, una botella de un litro de agua, una barrita energética, un juego de utensilios básicos de alpinismo, una linterna, un yesquero y una navaja.
— Podríamos usar la cuerda para bajar hasta el suelo — dijo Casey Fritz, de veintiún años. Era el más joven. Llevaba una cuidada barba de dos días, el pelo largo y despeinado pero sin llegar a los hombros. Un piercing atravesaba su ceja derecha y unos cuantos tatuajes teñían de blanco y negro sus brazos.
— ¿Estás loco? Estamos en un edificio que tiene por lo menos veinte plantas — contestó una muchacha con rasgos orientales que mascaba un chicle con verdadera fruición. Se llamaba Ebba Lee. Tenía el pelo tan corto como un chico y llevaba un chándal negro con una camiseta blanca.
— Habrá que ir por las escaleras — gritó Evans desde la puerta. Yo iré abriendo paso y Taylor cerrará el grupo. Debemos tener mucho cuidado e intentar hacer el menor ruido posible. No sabemos qué puede haber escondido allí dentro.
Taylor silbó para llamar la atención de los allí presentes, indicando que el camino estaba despejado.
— ¿Por qué deberíamos de hacerte caso? — Preguntó Forest Carter, un cincuentón un poco barrigudo con cara amable y con la cabeza afeitada debido a la alopecia.
— ¿Acaso quieres ir tú delante?
— No, no.
— Bien. ¡Todos detrás de mí en fila! Tened las linternas y las navajas a mano.

Fueron entrando uno a uno en la oscuridad que cubría de manera uniforme el interior del edificio. Solamente la luz del crepúsculo iluminaba parte de los escalones y la barandilla. Un horrible hedor apreció de las entrañas de la negrura.
— Huele a carne podrida —
murmuró Julie Garcia tapándose la boca con la mano. Tenía veintiocho años aunque no los aparentaba. Una larga trenza de pelo negro caía al lado de su cara redonda y tostada.
— Hay que guardar silencio — dijo Evans intentando reprimir una arcada.
Paso a paso, escalón a escalón iban avanzando. Al cabo de unos pocos tramos encendieron las linternas. Esas escaleras fueron pensadas para emergencias por lo que estaban desprovistas de ventanas y en los tramos intermedios se encontraban conectadas a las diferentes plantas del edificio mediante puertas, ya gastadas y rotas. Con cada paso podía oírse la arena que pisaban y sus respiraciones se amplificaban por la resonancia del lugar. La oscuridad era tan densa como el petróleo. Apenas podían saber qué les deparaba el siguiente paso.
Taylor pidió a Gregory Evans que detuviese la marcha.
— ¿Qué pasa? — preguntó Wanda.
— Estoy escuchando algo. Silencio… — dijo Taylor.
Desde lejos se escuchaba un golpe rítmico. Eran pasos, y cada vez estaban más cerca. Provenían de la puerta del piso donde ellos estaban parados. A modo de acto reflejo, iluminaron el hueco de la puerta y vieron una especie de sombra correr hacia ellos. Poco a poco esa mancha difusa se fue convirtiendo en un ser mórbido. Era una especie de masa de carne antropomorfa, llena de pus, que tenía dos cabezas de diferente tamaño y unos ojos luminosos, como los de los gatos. Enseñaba unos afilados dientes en una mueca cómica, e iba corriendo sobre sus dos piernecillas cortas y rechonchas. Era extremadamente blanco y se le marcaban las venas. El monstruo abrió sus enormes bocas para emitir un sonido terrible, gutural, que hizo temblar el suelo.
— ¡Joder! ¡Venga, corred, corred! — Ordenó Evans.
Los concursantes empezaron a bajar en tropel las escaleras. Al volver la vista atrás había más figuras antropomorfas que les perseguían con sus piernas deformes. Algunas eran ágiles y delgadas capaces de trepar por las paredes y otras se arrastraban mediante sus extremidades delanteras.

Pero todas eran como caricaturas grotescas del ser humano. En algunos de esos seres, los huesos sobresalían como dislocados. Y cada vez había más de ellos. Lo peor era el hedor que desprendían, nauseabundo, como de muerte.
En medio del caos Forest tropezó y cayó escaleras abajo hasta que dio contra una pared del siguiente descansillo. Una bestia esquelética, con múltiples brazos retorcidos, se abalanzó sobre el hombre inconsciente para empezar a devorar su brazo derecho. Taylor le propinó una patada al ser que rugió enfurecido. Morgan y Betty cogieron rápidamente al herido y continuaron bajando tan rápido como podían. El resto del grupo había conseguido llegar a la planta baja del edificio.
— Por amor de Dios, ¡ábrela! — Chilló aterrorizado Wanda. Evans estaba intentando abrir a empujones una puerta de emergencia atascada. Los seres estaban cada vez más cerca, sus guturales aullidos se mezclaban en la oscuridad del edificio. Taylor, Morgan, Betty y Forest llegaron justo cuando Evans consiguió abrir la puerta para que todos escapasen de ese maldito edificio. Taylor fue el último en salir y atrancó la puerta con una barra de hierro que encontró al lado de la salida. La puerta de metal crujió y se dobló ligeramente cuando los monstruos llegaron a ella. Los concursantes echaron a correr lo más rápido que pudieron de ese lugar.

Fuera les esperaba la noche fresca y silenciosa. La luna estaba llena e iluminaba la ciudad desierta. A unas calles del incidente encontraron una gasolinera que serviría de refugio hasta que despuntase la mañana. Allí tendrían comida y los cierres serían seguros en todo el establecimiento. Despejaron el mostrador y tumbaron allí a Forest.
— ¿Qué ha pasado ahí dentro? — dijo Casey.
— Una de esas criaturas ha atacado a este hombre. ¿Alguien sabe cómo se llama? —Preguntó Betty.
— Su chapa dice Forest Carter — leyó Morgan.
— Dejadme ver — dijo Julie—. Esto no tiene buena pinta — Se quitó la chaqueta que llevaba, rompió una manga y se dispuso a hacerle un torniquete—. Necesito mirar si hay algún antibiótico, vendas y algo para coserle la herida.
— ¿Qué te hace pensar que no va a convertirse en una cosa de esas? Le han mordido. Quizá estemos todos en peligro aquí con él — dijo muy serio Evans.
— ¿Cómo puedes pensar eso? Este hombre nos necesita. Si no le curo puede morir esta misma noche — se indignó Julie.
— Y si está infectado podemos morir todos.
— Mi obligación es curarle. No pienso quedarme de brazos cruzados esperando a que muera.
— Eh, grandullón. Deja a la chica que haga su trabajo. Si está infectado ya veremos qué hacemos, pero este tío no la va a palmar — dijo Ebba Lee —. Mira, si se convierte en un bicho de esos, seremos nosotras quienes nos encarguemos de él.
— Eso quisiera verlo — Evans sonrió y con actitud burlona se fue a sentar en un lugar alejado.
Julie refunfuñó un poco, pero debía centrarse en curar al herido. Cuanto más tiempo estuvieran discutiendo, Forest perdería más sangre. Así que fue a buscar en los estantes lo que necesitaba.
— Gracias… —dijo.
— Ebba Lee. No tienes por qué. Sinceramente no creo que ese pobre viejo se vaya a transformar en algo. Esas cosas tenían pinta de ser todo menos zombies. Ya sabes, esos tíos con cara de tontos que van por ahí diciendo “cerebros, cerebros” — Julie y Ebba rieron.
Entre las dos consiguieron los artículos necesarios para tratar la herida de Forest. Julie empezó a curarle el brazo cuando el enfermo comenzó a gritar de forma desgarradora y a retorcerse. Casey, Morgan y Ebba ayudaron a sujetarlo.
— ¡No! ¡No me hagáis daño! ¡Por favor! ¡POR FAVOR!

Continuará…


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